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Aprovechar el potencial de las segundas oportunidades


comprobacion-de-referenciasResulta curioso que la mayoría de gente piense que hay problemas tan graves y complejos que no tienen solución, tal vez porque les hayan mal acostumbrado a enquistarlos y a no dedicarles el tiempo que se merecen para buscar soluciones y ponerlas en marcha. Muchos ejemplos pueden ilustrar esta afirmación como son el hambre, la pobreza, el desempleo y tantos otros que tendemos a pensar, a priori, como irresolubles; sin embargo eso no es cierto.

Precisamente hace poco leía las conclusiones de un estudio elaborado por una prestigiosa ONG que afirmaba que la erradicación del hambre no es una utopía sino que podría ser una realidad si somos capaces de tomar un conjunto de acciones que conduzcan a concienciar a todos los estados del mundo a asumir una serie de responsabilidades y políticas comprometidas orientadas a tal fin. Podemos y debemos darnos una segunda oportunidad para conseguir este gran objetivo.

Aterrizando en la realidad de nuestro país y centrándonos en la problemática del desempleo, pensamos que una persona como individuo no puede cambiar las cosas, pero nos volvemos a equivocar porque nuestra historia más reciente nos dice con ejemplos, muchos de ellos positivos como fue el caso de Vicente Ferrer, que supo entender que con un trabajo se les devolvía la dignidad a las personas y que, gracias a ello, empezaría a escribir un presente más solidario, ético y comprometido porque creían en el poder que tienen las segundas oportunidades.

Esta semana nuestro colaborador Ángel Largo en su artículo Dar una segunda oportunidad nos ilustra con dos experiencias propias cómo aprendió a comprender el valor de los errores y “a no prejuzgar a las personas, ni clasificar a nadie por lo que ha sido anteriormente o lo que ha hecho en el pasado. Y sobre todo a dar una segunda oportunidad a las personas, aun teniendo un pasado de errores, ya que las circunstancias pueden ser cambiantes, o bien las personas pueden reaccionar positivamente ante un error cometido y reconocido.”

Estamos demasiado acostumbrados a justificarnos diciendo que no hacemos nada porque no sirve de nada y de esta forma seguimos perpetuando una sociedad cada vez más desafectada y desmotivada, a excepción de algunos movimientos sociales y civiles que parecen erigirse con una voz y conciencia crítica.

Ya va siendo hora que desterremos los prejuicios y nos pongamos a pensar y actuar para/con las personas en nuestras organizaciones, ¿no les parece?

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Saludos cordiales.

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