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Motivación y productividad


Para poder incrementar tu productividad necesitas un motivo. Su ausencia es, precisamente, la causa que provoca tantos intentos frustrados.

Cuando un individuo se inscribe en alguno de los distintos programas para incrementar su productividad, la primera pregunta que escucha es:
– ¿Para qué quieres incrementar tu productividad en la gestión de …?

Los puntos suspensivos se refieren al área o tema que ha elegido; por ejemplo, gestión de reuniones, correo-e, delegación, acciones, procrastinación, etc.

La colección de respuestas es variada, aunque como ya te imaginas la ‘namber uán’ es:
– Para no salir tan tarde.

Otra vez el paradigma de la gestión del tiempo…

Esa fue la respuesta que eligió Julián, el director de Informática de una multinacional inglesa, que como premio escuchó la misma pregunta, sólo que reconstruida incluyendo las mismas palabras de su respuesta:
– ¿Para qué quieres no salir tan tarde?
– Pues para llegar antes a casa. Casi nunca llego antes de las ocho y media.

El paradigma actúa como una lapa: el tiempo, la hora, el reloj… ¿Por qué esa obcecación con el tiempo?

Julián se ha ganado otra pregunta más:
– ¿Y para qué quieres llegar antes a casa. Para qué antes de las ocho y media…?

Julián mira al preguntador inquisitivamente porque no comprende a dónde conduce tanta repetición y, finalmente, responde:
– Pues para estar con mi familia.
¡Por fin! ¡Ya ha soltado la lapa!
Pero aún no es suficiente. Así que recibe otra más:
– ¿Y para qué quieres estar con tu familia?

Cuando escucha esta pregunta, Julián parece experimentar sentimientos de extrañeza y desconcierto. Por un lado el preguntador se está poniendo pesadito con tanto “para qué”. Y, por otro lado, esos “para qué” le empiezan a incomodar, porque le enfrentan a encontrar una respuesta que siente como comprometida y, en cualquier caso, bastante diferente a la que dio hace menos de un minuto: “para salir antes”.

Julián, ahora, hace una pausa, clava su vista en la mesa mientras piensa durante un momento y responde:
– Pues… porque quiero compartir una parte de mi vida con las personas que más quiero; mi pareja, mis dos hijos, mis padres…

Julián suspira hondamente, creyendo que su motivo está más claro que el agua.

Aunque es cierto que se está acercando, también lo es que aún no ha llegado. Así que recibe una nueva pregunta, pero esta vez introduciendo un qué en lugar del para qué:
– ¿Y qué significa, concretamente, compartir tu vida con…?

Julián fija de nuevo su mirada en el mismo punto, ahora lo ve claro y responde:
– Bañar a mi hija pequeña; jugar un rato con el mayor, que ya ha cumplido tres años; dedicarles a ellos y a mi pareja mi atención completa para disfrutar cuando estoy con ellos, porque ahora no estoy al 100% por culpa del móvil, el correo-e y los asuntos laborales que no consigo desconectar… Y también quiero incluir en esta lista la recuperación de mis aficiones que he aparcado hace tanto… la fotografía y el aeromodelismo. Y además quiero recuperar los partidos de tenis de los jueves con mis amigos, que también me sirven para mantenerme un poco más en forma, y…

Fijar objetivos
Existen unas cuantas razones por las que las personas no consiguen sus objetivos.

La primera es porque no llegan a fijarse el objetivo. Lo que llaman objetivo no es sino un deseo. La principal diferencia entre ambos es la voluntad o determinación en conseguirlo. Un deseo es algo que te gustaría que ocurriese y suena a un regalo, mientras que un objetivo es algo que tú vas a hacer que ocurra.

La segunda es la falta de motivación. Es necesario un motivo o elemento movilizador para poner en marcha tu voluntad y determinación. Los objetivos siempre tienen un coste que tienes que pagar y para romper la inercia necesitas el impulso de tu motivo. La claridad e intensidad del motivo son predictores de tu éxito.

Cuando Julián revisa la evolución de sus respuestas a la simple pregunta “¿para qué quieres …?”, comprende el diferente poder movilizador que ha generado con la última.

Yo le llamo “pregunta láser” a la técnica de repetir la misma pregunta construida sobre la respuesta anterior. Es como un láser que permite profundizar hasta alcanzar la motivación raíz. En este caso la del objetivo.

Acción recomendada
Establece, ahora mismo, un objetivo o revisa uno que ya tengas y con cuyo progreso no estés satisfecho. Escríbelo.

Aplica la técnica de la pregunta láser y escribe las respuestas que vayan saliendo.

Observa si la claridad y el efecto movilizador aumenta.
“La mente es el límite. Mientras tu mente pueda imaginar que puedes hacer una cosa, podrás hacerla realidad, siempre que la creas al 100%”. – Arnold Schwarzenegger

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