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¿Y ahora qué? ¿A copiar el estilo de liderazgo de Mourinho?


Ya me lo estoy oliendo, después de atizarnos una retahíla de cursos cuyo principal atractivo consistía en escuchar las vanidades personales de los miembros fundadores de Make a Team y recopilar autógrafos de las viejas glorias que los padres necesitados de la aprobación de sus propios hijos piden a los gurus deportivos para darse lustre ante esos tiranuelos que les tienen cogidos por los ahíes -mira qué guay es tu padre, qué bien relacionado está, que Zubizarreta me ha firmado esta foto para ti, ¿me quieres más?- , ¿van a desaprovechar Valdano y demás el filón Mourinho?. Ya sabrán ustedes que Pep Guardiola ha sido ya objeto de estudio por parte de los expertos en liderazgo, y más de uno lo habrá incorporado a sus cursos. ¿Se apuestan algo a que más de dos adoptan el look Guardiola, comprándose unos trajes dos tallas inferiores a la suya aunque les tire la sisa para ver si así?

Me imagino las clases de gesticulación –macroconducta para los doctos iniciados– inspirada en los movimientos de Mou en los nuevos cursos de liderazgo para convertirse en guru superstar, porque ya saben algunos que emular la de otros sirve para percibir e interactuar en la vida como si fueran el imitado, en lugar de uno mismo, según el catecismo penelista elevando a la categoría de dogma aquello de: Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición.

La crisis evitará el lamentable espectáculo en cierta medida, porque la actual escasez de liquidez de las empresas no recomienda gastos en chorradas, beneficiando indirecta e indudablemente la salud de sus directivos aspirantes a estrella. ¿Qué? ¿cómo la salud?

Hace un par de décadas, el director del grupo deportivo de la ONCE me confesó que lamentaba que ningún licenciado en el INEF -como él mismo- hubiera triunfado en la vida; parece que nos dedicamos más a vivir la que otros mejoran para nosotros que a mejorarla nosotros para los demás, aunque existan excepciones sin las cuales no existirían las reglas, porque todo sería entropía, homogeneidad, ausencia de caos, igualdad, como desearía la inefable Bibiana Aído, y no desigualdad como desea la evolución. Pero hete aquí que un INEFTO -así nos llamamos entre nosotros- triunfa, y además por todo lo alto. Sí, chincharos, pretenciosos, Mourinho no es NBA, ni ha estudiado un master en RRHH, ni un curso de liderazgo, ni falta que le hace, es un simple profesor de Educación Física, ésa que suspendíais bastantes de vosotros. Es así de bueno porque le tocó ser así en el reparto de personalidades, como  al resto de los que han triunfado y de los que no lo hemos hecho, y porque se atreve a firmar un fijo bajo y un variable alto porque confía en sí mismo, porque sabe que sabe no porque se crea el líder más guay, sino porque ya ha demostrado sobradamente que es un INEFTO crack.

Es duro aceptar el destino, pero no hay más remedio, no conozco a ningún triunfador que lo haya sido por el simple expediente de copiar a otro; si acaso tal estrategia ha generado algún ser artificial que copia maneras ajenas ofreciendo un espectáculo bochornoso, como los políticos que mueven las manos cuando sus neuronas se niegan a hacerlo porque -perezosos e impuntuales eternos- llegaron tarde al reparto, quedándoles los restos que nadie quería.

Sí, su empresa hará bien en mirar por su salud, porque más de uno se cargaría sus rodillas, o sufriría un ataque de lumbalgia tratando de emular las deportivas habilidades directivas de Mou, un buen ejemplo de liderazgo, no cabe duda, pero es su estilo de liderazgo, no el de nadie más, y además está en buena forma física. Si acaso sus hijos irán adquiriéndolo sin pretenderlo, porque pasan mucho tiempo con él, pero nadie que aprenda a hacer flexiones en un cursillito. De modo que su empresa acertará en su decisión si le impide asistir, porque pasaría usted más tiempo de baja que trabajando.

Y para terminar, advertir que, por supuesto, un ejército de mentesblandas se envanecerá dándose lustre -Mou es como yo– resaltando lo emocional de su estilo, evidenciando a través de esa vanidad que no entienden nada del ser humano ni de la personalidad humana ni de la suya propia. De esos demasiado numerosos que -como acostumbro a repetir- se quedan mirando el dedo que apunta a la luna.

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Categorías:Formación, RRHH
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