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La educación y la formación como causa de la crisis


¿Qué ocurriría si aplicásemos las actuales orientaciones de formación al mundo de la alta competición? Que nuestros pupilos justificarían sus fracasos con la ausencia de empatía, la escasa inteligencia emocional de árbitros y jueces, contrincantes y entrenadores.

Buscarían la excusa en la presunta sociopatía de los otros o en el mobbing sufrido, en lugar de apretar los dientes y entrenar más y más duro para minimizar la posibilidad de que aspectos externos puedan frustrar sus expectativas de cara a demostrar la propia valía. Los que tenemos hijos sabemos que tenemos que luchar contra su tendencia a atribuir la causa del bajo rendimiento a la manía de algún profesor, como seguramente hicimos nosotros en nuestra época de estudiantes.

En todos estos casos, cualquiera con un poco de sentido común, y particularmente Eric Berne, el creador del Análisis Transaccional, advertiría sobre la estrategia manifiesta del chantaje emocional –a personas susceptibles de caer en la trampa, que hoy en día gracias a la IE y al bienestar garantizado por papá estado somos casi todos- porque se ha adquirido la competencia de la depresión para manipular a unos padres blandiblup con el fin de conseguir la satisfacción de las necesidades emocionales: el apoyo incondicional. O eso o la rebelde huída de la realidad para los inadaptados que muestra la siguiente imagen: Que paren el mundo que yo me apeo.

Como advierte Berne, esa competencia se traslada a la edad adulta, provocando toda una suerte de excusas para afrontar de manera madura las responsabilidades asumidas, hasta el punto de que en los últimos años anteriores al estallido de la crisis, la depresión y la ansiedad –actitudes victimistas en la inmensa mayoría de los casos- desplazaron a las lumbalgias como principal causa del absentismo laboral.

Los ministros de Educación europeos han llegado a la conclusión de que una de las salidas a la crisis económica es gente más formada y mejor formada. Yo, particularmente, me conformaría con un cambio en los aspectos cualitativos –los contenidos-, porque es obvio que aumentando el número de horas de entrenamiento para desarrollar la empatía no conseguiremos que el Real Madrid arrebate el liderazgo al Barcelona.

Tampoco los Madoff y compañía, responsables de la parte que les toca, corregirán sus tendencias sin una reorganización de la jerarquía de los valores que posibilite entrenar aquellos que -siglo a siglo- nos han traído hasta aquí. Y no los que amenazan con destruirnos.

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