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Profesionales y Empresarios Autónomos ¿Quién es quién ante la crisis?


La dualidad de roles y las mesas de diálogo de nunca acabar

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Estamos sintiendo los efectos de un terremoto anunciado; lo estamos sintiendo con claridad y al mismo tiempo buscamos, desesperadamente, cimientos que frenen su paso, maquillando con aires de diálogo la corrosión de las estructuras políticas y de representación laboral y ciudadana que sirven para tal efecto.

Las “mesas de diálogo social” disimulan un desorden generalizado; más cuando se planifican contra el reloj, porque el problema de este tipo de reuniones es que la voluntad de solucionar los problemas no queda nada clara. Un ejemplo de esto es lo que ha ocurrido recientemente con los profesionales y empresarios autónomos. Durante más de un año sus supuestos representantes habían solicitado una reunión con el Ejecutivo, pero sólo ante el aviso de manifestación ante la Moncloa, éste decidió formar una mesa de diálogo para empezar a hablar de ‘soluciones’; lo cual se acerca más al oportunismo descarado que a una estrategia clara y con base para superar esta crisis, que tanto nos afecta.

El resultado de tal encuentro tampoco ha dejado un buen sabor de boca, ya que el único compromiso conseguido ha sido la constitución de una nueva mesa para la negociación del Estatuto del Trabajador Autónomo, en la que se pretenderá discutir la propuesta presentada por estos colectivos para alcanzar soluciones a sus problemas; una de las cuales consiste en plantear ayudas directas del ICO.

Pero ante esta nueva medida a cuentagotas del Gobierno, cabe preguntarse si es viable o no una nueva mesa de diálogo sustentada en el desgaste y en el desorden para aliviar la incertidumbre de 4.000.000 de profesionales y empresarios, de los cuales, a día de hoy, más de 300.000 tienen sus negocios en la cuerda floja y necesitan ayuda de forma urgente, y la de otros 130.000 que se encuentran en una situación desesperante.

Si cerca de 30 empresas de profesionales y empresarios autónomos desaparecen en una hora, ¿cuántas habrían de cerrar en espera de que los supuestos representantes de los autónomos y el Gobierno acaben el café de la sobremesa?

A nosotros nos parece demasiado tiempo si empezamos a sacar cuentas, ya que de momento tendremos que esperar cerca de un mes para conocer cómo y cuándo el Gobierno piensa implantar las 16 medidas de apoyo para pymes y profesionales autónomos que recientemente aprobó el Parlamento por unanimidad.

Y más tiempo si pretendemos que todos los representantes de este sector sean escuchados, porque no sólo de ATA, UPTA Y CEOE vive el profesional y empresario autónomo, ya que también cuentan los profesionales y empresarios autónomos con pequeñas asociaciones y patronales de las comunidades autónomas que, hasta la fecha, han sido excluidas de gran parte de este proceso y calladas en más de una oportunidad por sus pares más fuertes cuando era necesario reivindicar los derechos del colectivo. Igual ocurrió hace menos de un año cuando la Asociación Nacional de Empresarios y Profesionales Autónomos (ASNEPA) convocó una manifestación de transportistas, la cual fue tachada de “ridícula y estúpida” por la propia Asociación de Trabajadores Autónomos.

Sin embargo, las microempresas, los emprendedores y los profesionales y empresarios autónomos, ya caminamos contra el tiempo y solos con nuestras propias fuerzas, las que hemos ido agotando a la espera de que el Ejecutivo recuerde que conformamos más del 90% del tejido productivo del país y generamos, con esfuerzo e imaginación, cerca del 70% de la riqueza nacional y más del 80% del empleo, pero que ha olvidado ‘súbitamente’ en ‘pro’ de la asistencia económica y moral destinada a las grandes multinacionales y entidades bancarias.

Del mismo modo que las entidades financieras y grandes empresas, como las automovilísticas, tienen problemas y reciben ayudas públicas, los pequeños empresarios autónomos también los tenemos, pero hasta ahora, incluso con una manifestación de por medio, no existe ninguna ayuda real.

¿Merecemos este trato quienes hemos construido un proyecto empresarial arriesgando nuestro patrimonio personal, nuestros bienes presentes y futuros haciendo sacrificios ante el deseo de sacar adelante una fuente de empleo? Porque por mucho que en la teoría se sepa que emprender significa fundar una empresa, en la práctica también implica asumir riesgos, superar retos, rozar la temeridad, y todo ello con una dosis de optimismo desbordante que, gracias al desorden develado por la crisis, parece apagarse irremediablemente.

Por lo pronto y lo más urgente es que los autónomos recibamos mejoras fiscales y ayudas por parte de las administraciones autonómicas y estatales para incentivar nuestros trabajos y frenar el endurecimiento de los bancos en la concesión de créditos e hipotecas, ya que hasta ahora, la falta de liquidez provoca, en la mayoría de los casos, el estrangulamiento y el cierre de la actividad autónoma. Y a su vez, que el Gobierno acuerde medidas concretas de ayuda para mitigar la angustia que estamos padeciendo los que tenemos dificultades para hacer efectivos nuestros cobros, ante empresas y administraciones morosas. Queremos simplemente que se cumpla la Ley de Comercio.

No necesitamos subvenciones, queremos seguridad jurídica, flexiseguridad laboral, y garantías de empleabilidad para nuestros trabajadores. No nos negamos a pagar impuestos, queremos hacerlo cuando cobremos efectivamente de nuestros clientes y que se nos garanticen o avalen nuestros cobros, para con ello mantener los puestos de trabajo. Pedimos que se suavicen las cuotas a la Seguridad Social a cambio de mantener el empleo, verdadero motor de la producción y de la confianza del sistema. Pedimos menos corrupción, menos intervencionismo público, reducción del gasto social a cambio de incrementar la protección social de quienes realmente la merezcan y reformas para incrementar nuestra productividad. Cada profesional o empresario autónomo que cierra, destroza el sistema y manda a la calle a trabajadores y familias cuyas consecuencias siguen arrastrando al sistema a la pérdida de confianza y a su destrucción final. Pedimos menos electoralismo y más medidas reales que protejan a nuestros trabajadores a través de nuestras empresas, verdadero motor económico y social del país.

Si bien es cierto que en estos últimos años los profesionales y empresarios por cuenta propia hemos conseguido importantes logros en materia de protección social, como el derecho a la jubilación anticipada, la prestación económica durante una baja por accidente o enfermedad, etc.; también es cierto que hoy pagamos la ingenuidad por creer en el triunfalismo de una mesa de diálogo a largo plazo, y por ceder en las prioridades, dejando temas pendientes para más adelante, como la prestación por desempleo, en beneficio de una armonía ficticia y subvencionada de cara a la opinión pública, a la cual sólo acceden unos pocos trabajadores autónomos dependientes, es decir, asalariados fuera del Régimen General de la Seguridad Social y que, poco o nada, tiene que ver con los profesionales y empresarios autónomos.

Las reivindicaciones existen desde siempre y suelen ser asimétricas, arbitrarias y dan pocos resultados si no existe tras de ellas un trabajo de síntesis y de liderazgo global; pero al parecer ya es tarde para los profesionales y empresarios autónomos, ya que hemos tenido que salir a la calle para ser escuchados. Situación que puede parecer normal para la opinión pública, pero realmente marca la primera manifestación de los Empresarios en España; una reivindicación de las personas de a pie contra las políticas económicas que se desarrollan a cuentagotas desde el Ejecutivo, amparadas por posturas ambiguas y desordenadas por parte de los Agentes Sociales y los grupos de interés, incluidos nuestros supuestos representantes patronales.

Situación que deja en total desamparo a quienes debemos seguir manteniendo nuestro nivel de vida, el de nuestros empleados y el de sus familias, lo cual hace indudable la necesidad de seguir adelante con las jornadas de protestas ya que son la única vía, al parecer, para llegar a la mesa…, perdón, al corazón de nuestros políticos y representantes.

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