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Trabajo duro y honradez, valor y juego limpio, lealtad y patriotismo


Una lección para recuperar la fe económica, social y política de un país: líderes locuaces, equipos multidisciplinares e intergeneracionales y acciones concretas

“Trabajo duro y honradez, valor y juego limpio, lealtad y patriotismo”. Con estas palabras de introducción, tomadas de un titular del diario El Mundo, podemos sintetizar el discurso que el actual presidente de los EEUU pronunció en su toma de poder a la presidencia de su país.

La moral y la ética existen desde toda la vida, pero por momentos, resultan sólo una base teórica para justificar prácticas políticas, sociales y financieras que buscan un efecto completamente diferente.

Ambos valores han desaparecido paulatinamente del argot financiero y empresarial, hasta convertirse en productos de marketing y de venta directa. Defecto que se ha ido expandiendo en corto tiempo a otros ámbito del entramado social, llegando incluso a tocar las bases de la educación ciudadana y muy particularmente a la moral individual.

Como consecuencia, la crisis de valores resulta aún más profunda que la crisis que vivimos en el ámbito económico; amén de las prácticas liberales del mercado que sujetas a una escala de principios y valores morales y éticos resultan razonables y buenas para el bien común, han terminado siendo nefastas para la globalización por los propios excesos de la especulación y la falta de equidad.

Bajo este marco de crisis económica y de valores, en nuestro caso como país, la tragedia del desempleo, la frialdad de las cifras del PIB y la pérdida de competitividad, se han convertido en un psicodrama para todos los ciudadanos ya que cuestionan la viabilidad y competitividad de nuestro sistema de bienestar social y debilitan, radicalmente, nuestras expectativas de futuro. Por consecuencia, a marchas forzadas, hemos tenido que asumir las consecuencias de nuestra debilidad por la ineficiencia del estado benefactor y por la situación de crisis del sector de la construcción, amparada gubernamentalmente, de forma similar a lo sucedido en Estados Unidos, país propenso al endeudamiento y a la especulación financiera y que, hoy por hoy, afronta una de las crisis más importantes de su historia.

Sin embargo, aunque Estados Unidos afronta una situación paradójica de “gigante débil”, actualmente cuenta con un As para su recuperación que ni en los mejores sueños podría tener nuestro país.

Actualmente, quienes conforman los Estados Unidos, es decir, el conjunto de sus ciudadanos, poseen fe y unidad; fe en su recuperación, en su fortaleza y unidad en un líder. Todo lo contrario a lo que ocurre en nuestro país, donde el conjunto de la ciudadanía, cada vez más defraudada y enfadada con su clase política, mira con incertidumbre su futuro sin un líder referente. Todo ello, sin contar al menos con el 50% que parece que todavía no se ha enterado o a la que ya le viene bien seguir como está.

Estados Unidos ha recuperado la fe en sí mismo en pocos días gracias a la maquinaria política, dialéctica y de valores de un solo sujeto que, gracias a un equipo disciplinado, multigeneracional, experto en errores y por ende en soluciones, ha hecho de su nombre una marca de esperanza y, por ende, de futuro, al menos para los EEUU.

Barack Omaba, ha asumido el liderazgo y la reconstrucción de un país, rescatando la esperanza de los ciudadanos sumidos en una profunda depresión, basándose en la recuperación de sus valores perdidos…la ética y la moral estadounidense.

Desde nuestra visión europea, podemos discutir más o menos sobre la coherencia de la moral política de EEUU, y por ende de la de Obama, su presidente; pero en esta ocasión, sería casi imposible negar la locuacidad de su mensaje que, amparado en la decepción de gestiones políticas y económicas pasadas, aprovecha el tirón del concepto esencial del sueño americano: la capacidad de empezar y reconstruir el país partiendo desde cero.

Considerando que EEUU cuenta con las mismas personas, los mismos recursos económicos, energéticos y naturales, así como los mismos objetivos antes de que se iniciase oficialmente la crisis, Obama ha asumido la responsabilidad de eliminar aquellos vicios y malos hábitos relacionados con el oportunismo, la ambición, y los intereses estrechos con el fin de reestablecer los vínculos de confianza entre los ciudadanos y su gobierno.

Desde un verbo directo y fácil, sin hacer apología de tópicos raciales, religiosos, morales o políticas, ha cautivado poco a poco a sus seguidores e incluso a sus adversarios. Gracias a la coherencia y al sentido común de su discurso político, orientado hacia la unión ciudadana, la integración y colaboración entre las diferentes generaciones y partidos políticos, ha elaborado un discurso en pro del bien común.

Llamando a la realidad y lejos del romanticismo, Obama, ha tomado el riesgo de hacer responsables a todos los ciudadanos de la superación de la crisis, legitimando su liderazgo definiendo los intereses reales de los ciudadanos, como son el empleo y la salud, aunque éste último reto sea casi imposible en un sistema totalmente privatizado.

Ha conseguido en un corto tiempo, inspirar, plantear un modelo y comunicarlo de forma eficaz, con toques nostálgicos, pero forzando en la justa medida la globalidad que él mismo representa, por su origen racial, ideológico y político-social.

Un ejemplo de liderazgo.

Ahora bien, con el paso del tiempo el enérgico Barack Obama irá mostrando su cara más real y suponemos menos amable. La bien disimulada estrategia del “cambio” y el nuevo estilo conciliador de diálogo y buenismo de los primeros días de mandato, irá derivando a políticas más duras que, en muchas ocasiones, no convendrán en absoluto a la política de terceros países y a la economía internacional.

Sin embargo, de momento, nos viene bien quedarnos con el ejemplo de liderazgo que plantea Obama. Ejemplo de integración de generación, considerando que entre sus colaboradores más directos figuran jóvenes de gran talento como Jon Favreau, de 27 años, quien está tras la elaboración de sus históricos discursos; Reggie Love, su Asistente Personal de 26 años y Eugene Kang, de 24 años, su Asistente Especial.

Ejemplo de integración política, tomando en cuenta su actitud hacia la propia oposición, invitándole a ser parte activa de la reconstrucción del país y homenajeando a su líder en una cena y manteniendo cargos en manos de personalidades republicanas. Y ejemplo de visión de futuro, apostando por los recursos energéticos renovables, la tecnología y la ciencia, con ejemplos como el nombramiento del premio Nobel de Física de 1997, Steven Chu, como secretario de Energía, un gran defensor de las soluciones científicas contra el cambio climático.

Un ejemplo claro de liderazgo y de democracia que bien podría imitar nuestra clase política y nosotros mismos como ciudadanos, ya que en nuestro país, poseemos de todo menos valores morales, políticos y económicos basados en la integración participativa de todos los ciudadanos y de generación de empleo, aplicados bajo códigos de honradez, lealtad y juego limpio, por mucho que vivamos en un pretendido estado del bienestar.

Así, para empezar, habría que tomar buen ejemplo de la política de austeridad que define el nuevo Gobierno norteamericano, ya que iniciado su mandato y con el fin de garantizar la transparencia y el Estado de Derecho de su presidencia, Obama ha firmado diversas órdenes ejecutivas, entre las que destacan la congelación de los salarios del cerca de un centenar de funcionarios de la Casa Blanca que cobran más de 100.000 dólares anuales (77.700 euros), y la exigencia sobre los organismos gubernamentales para que consideren las peticiones de información que se les presenten bajo la Ley de Libertad de Información.

Mientras, en nuestro país, todos los funcionarios públicos verán aumentado su salario en un 3,875%, incluyendo en este porcentaje el 2% que ya se consignó en el borrador de los Presupuestos Generales del Estado.

Lo dicho, a tomar nota de lo que realmente es Know-How… “savoir fair” en política y en gestión de crisis…ya que de momento, los ensayos de nuestros líderes para lograr la reactivación española no son ejemplo de nada.

Ah, por cierto, ¿vio usted “Tengo una pregunta para usted”? Yo sí, y de momento los ciudadanos le hicieron a nuestro presidente 40 preguntas, todas ellas muy representativas de las verdaderas inquietudes que realmente nos preocupan como ciudadanos. Lo significativo es que las 40 preguntas quedaron sin respuesta. Eso sí, la culpa no la tiene en exclusiva nuestro presidente; por un lado la tienen también al menos el 50% de los votantes que todavía no se enteran, así como el otro 50% de los votantes que no exigen a la oposición acabar con sus divisiones internas, reconducir su discurso y su programa y plantear de forma seria y decidida la única solución que podrá salvar a nuestro país, que no es otra que un gobierno de concertación para luchar juntos y vencer el drama que se nos avecina.


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