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La incoherencia como moneda de cambio
Hace prácticamente dos semanas la máxima autoridad de la “empresa” más antigua de la historia, la iglesia cristiana, anunciaba su renuncia. Independientemente de todos los análisis que se han realizado y, que se seguirán haciendo sobre el particular, sería bueno que todos aquellos que nos dedicamos a la función directiva veamos en este hecho singular una lección de coherencia y humildad transferible en nuestro quehacer. Me explico. Una lección de coherencia al admitir que no puede seguir desarrollando su cargo con diligencia y humildad porque lo admite sin ambages y lo reconoce públicamente.
Está claro que los profesionales que tenemos la responsabilidad de dirigir el capital más importante de las organizaciones en épocas tan duras como las que estamos viviendo, debemos cuestionarnos cuáles son los valores que nos guían y cómo somos capaces de “inocularlos” en las personas que lideramos.
Nuestra colaboradora Sonia Muriel en su artículo El elevado coste de la incoherencia nos recuerda sabiamente que la actuación de la dirección de la empresa debe ser el reflejo de los valores y principios que transmite con su discurso. No hay una actitud que provoque mayor rechazo que la incoherencia entre lo que se dice y se hace.
Un ejemplo de incoherencia muy habitual, más de lo que sería razonable admitir, es lo que ocurre a la hora de llevar a cabo nuestros proyectos, tareas o funciones cuando utilizamos con demasiada facilidad títulos tan grandilocuentes como “Buenas Prácticas en.”que resultan ser textos cargados, más o menos, de buenas intenciones y que, finalmente, no se llevan a cabo en la empresa, pasando a ocupar un lugar aleatorio en una estantería del despacho o cierto espacio en el disco duro del equipo informático de turno.
Por puro egoísmo intentemos ejercer la práctica de la coherencia y que forme parte de nuestra identidad como persona, en nuestro departamento y en la organización; solo así seremos testigos de los altos beneficios que este valor olvidado nos reporta.
Saludos cordiales.
Una carta solidaria y esperanzadora
En esta época donde los más pequeños de la casa se afanan en sus escritorios deseosos de escribir la famosa carta a sus majestades los reyes magos de oriente, yo voy hacer lo propio con esta pequeña reflexión.
Llegamos a finales de año con prácticamente seis millones de desempleados y con la sombra del desahucio presente en muchos hogares españoles. Parece ser que nuestro famoso estado de bienestar “hace aguas” y la distancia entre ricos y pobres es cada vez más amplia y parece que nos traten de convencer de que no somos nada o, peor que eso, no somos nadie.
Me gustaría que nadie nos pueda arrebatar la dignidad como personas porque esa es la fuerza que nos impulsa a luchar, a cambiar y a confiar en nosotros mismos, la energía del talento que mueve familias, empresas, instituciones y un país.
Me niego a pensar que no podemos hacer cosas para cambiar este presente. Es cierto que la falta de liquidez ahoga las empresas, pero muchas de ellas tratan de reinventarse diariamente. Busquemos formas que no traten de “desembarazarse” del personal de las compañías sino fórmulas que garanticen la viabilidad de las empresas inyectándoles créditos y ayudas con los que puedan seguir contando con el talento de sus organizaciones para hacerlas así más productivas, más rentables y, en definitiva, más competitivas.
Para los departamentos de Recursos Humanos quiero que formemos con convicción, motivemos con entusiasmo, conciliemos la realidad familiar y empresarial de nuestros empleados, evitemos situaciones estresantes y nos convirtamos en el motor de cambio, que tanto nos hace falta. Sobre todo me gustaría que el espíritu solidario deestos días no sea puntual sino un ejercicio de convencimiento continuado para y con las personas que forman parte de nuestras organizaciones.
Mis mejores deseos para 2013.
Aprendiendo a emprender
Ayer, viendo las noticias en TV, me topé con una pareja de empresarios vallisoletanos que han sabido campear la crisis con una original idea como es la fabricación de dispositivos “usb” personalizados que además exportan, entre otros, a los EEUU de América, en particular a un famoso equipo de béisbol, que es uno de sus clientes más importantes. Este es un ejemplo ilustrativo de cómo una idea simple ha sabido materializarse en una realidad empresarial con futuro. Pero el camino no fue fácil ya que una de esas personas había fracasado en el primer negoció que intentó. Lejos de desalentarse aprendió de sus errores y los supo convertir en aprendizaje para emprender un nuevo proyecto; he ahí donde radica el famoso “espíritu emprendedor”.
Al hilo con el tema me gustaría recoger las recomendaciones que formuló Juan José Azcarate, consejero delegado de CCC, el pasado 21 de septiembre, en el Forum de Jóvenes de la Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar de Madrid (ADEFAM), a través de diez pautas para enfrentarse con pasión y éxito al mundo del trabajo y los negocios, que trascribo literalmente y que suscribo por experiencia propia:
1.-Acepta la incertidumbre.
2.-Adáptate al cambio perpetuo.
3.-Rodéate de gente optimista.
4.-Activa tu curiosidad.
5.-Confía en tu gente y hazla crecer.
6.-Practica la diversidad.
7.-Sigue pautas de vida saludable.
8.-Sé “disfruasorio” (disfruta de las cosas sin proyectar sobre ellas un sentimiento de posesión). 9.- Aprende sin tregua, y
10.-Enfréntate a los retos nuevos “sin miedo, pereza ni vergüenza”, frase que constituye precisamente su lema vital.
Para terminar, hace un par de días se conocían los resultados del estudio “Emprender en momentos de crisis: riesgo y factores de éxito” que ha llevado a cabo una denotada fundación, el que señala que siete de cada diez emprendedores considera la creación de una empresa una oportunidad para afrontar la actual situación económica. Además, según los datos de este estudio, un 6% de los españoles en edad de trabajar creó una empresa en el año 2011 como alternativa profesional ante la crisis económica actual.
“Las dificultades son el termómetro de nuestra valía” así que (de)mostremos cada día lo mucho que valemos en nuestras empresas, familias y , por ende, en la sociedad.
La trampa de las “falsas seguridades”
Vivimos en un tiempo incierto en el que la seguridad parece una utopía que se aleja irremediablemente de nuestras vidas, a pesar de que insistimos, una y otra vez, en aferrarnos a ella porque tenemos miedo a salir de lo que denominan los psicólogos “la zona de confort” y enfrentarnos a lo desconocido.
En general, aunque los tiempos han cambiado y nuestros padres vivieron una realidad socio-laboral distinta a la que vivimos, las personas nos empeñamos desesperadamente a pensar que el trabajo que tenemos es una propiedad vitalicia y cuando nos damos cuenta que después de habernos formado para ello la empresa decide o se ve obligada a prescindir de nosotros, nuestro mundo se tambalea, no solo por las cargas y responsabilidades que se ven afectadas sino porque nuestra autoestima y valía personal se resquebraja ya que pensamos que no somos buenos profesionales.
Esta semana nuestro colaborador Ángel Largo, en su artículo Buscarse la vida, nos recuerda que hay personas que cuando no encuentran “trabajo de lo suyo” deciden avanzar y tratan de coger el timón de su vida para emprender un proyecto.
Tal vez se trate de darse cuenta que el día de hoy es una oportunidad excelente para que hagamos las cosas bien, no por miedo a perder el trabajo o por pagar una hipoteca, sino por el hecho de que mi humilde contribución ayude a que mi familia, comunidad, empresa y la sociedad, en general, sea mejor y redunde en beneficio de todos.
Gestionando con optimismo
Parece que hoy en día en España las personas tenemos miedo de ver la televisión o leer un diario porque pensamos que lo único que vamos a encontrar son grandes titulares dedicados a contar las vicisitudes de la crisis, el crecimiento del desempleo así como las diferentes y difíciles medidas de ajuste que plantea nuestro Gobierno para luchar contra la situación que está atravesando el país.
Permítanme aconsejarles la lectura de un interesante artículo de Luis Marcos Roja en el que, a pesar de lo que podamos pensar de que los medios a los que acudimos para informarnos solo nos informan de noticias negativas, él comprobó en 2005 que la palabra optimismo ganaba al pesimismo; así que yo, que me considero un optimista realista, me quedo con este dato para seguir aplicándolo tanto en mi vida personal como en el ámbito profesional.
Esta semana nuestro colaborador Ángel Largo en su artículo Abocados al optimismo insiste en la importancia de tener una actitud positiva en nuestro modo de ser y actuar para que no tenga cabida la autocompasión. Tratemos de ser optimistas y contagiemos esta actitud en nuestras organizaciones para que busquemos soluciones eficaces y eficientes a las diferentes problemáticas a las que nos vemos sometidos. Somos libres de elegir nuestra actitud delante de la vida. Yo ya he elegido y ¿tú?
Saludos cordiales.
5.693.100 Razones para la esperanza
El pasado 24 de julio pude leer en la versión digital de La Vanguardia la historia de superación de Sandra Timón, una joven de 18 años que muy pronto ingresará en la Universidad. Hasta aquí podría ser una historia corriente, sin embargo nada más lejos de la realidad ya que Sandra no solamente se ha enfrentado a los exámenes como el resto de sus compañeros, obteniendo resultados sobresalientes, sino que además ha tenido que vencer diariamente las consecuencias de una enfermedad degenerativa que afecta a los nervios óptico y auditivo dejándola prácticamente sorda y ciega llamada síndrome Wolfram.
Al igual que Sandra, existen en España 5.693.1000 personas que padecen los estragos de una de las lacras sociales de los tiempos actuales, el desempleo. Sin embargo, como sociedad (gobierno, agentes sociales, empresas, y ciudadanos en general, desempleados o no)podemos mostrar dos actitudes frente a esta situación: por un lado, pensar que no tiene solución y dejarnos vencer por la desesperación y, por otro, mostrar un espíritu de superación para vencer este obstáculo, como es el caso de Sandra.
Si somos capaces de vencer el miedo que conduce al bloqueo, buscar soluciones solidarias por un bien común, flexibilizar nuestras formas de pensar entenderemos que estamos en disposición de marcar un nuevo giro que empiece por saber ayudar a los que lo tienen más difícil. Esas son las premisas básicas que deben orientar las acciones ciudadanas, empresariales y gubernamentales desde estos momentos.
Saludos cordiales.
Cuando “sentimos los colores”
Con gran asombro esta semana asistíamos a dos incidentes en la Eurocopa dignos de mencionar. Éstos son: por un lado, el vandalismo de ciertos aficionados de dos equipos rivales, Polonia y Rusia y, por otro, la afición de un equipo como Irlanda que, pese a los resultados obtenidos, continuaba animando sí o sí.
Este ejemplo podemos extrapolarlo en las organizaciones en las que tenemos el privilegio de trabajar. Me explico. En momentos como los que estamos viviendo, hay profesionales que se vienen abajo y creen que hagan lo que hagan la situación no va a cambiar por lo que su rendimiento baja y, lo que puede ser más grave, contagian el desánimo y malestar al resto de sus compañeros. Sin embargo, existen otras personas que se comprometen dando lo mejor de sí mismas para de ese modo hacer empresas productivamente más competitivas porque no se conforman meramente con hacer su trabajo sino que proactivamente aportan nuevas ideas para el negocio. Una actitud motivadora, emprendedora y comprometida capaz de girar el curso de los acontecimientos.
Está claro que son las actitudes de las personas las que marcan la diferencia ante una misma situación. Como Responsables de Personas tratemos de saber identificar, para luego fomentar, unas actitudes positivas y constructivas de nuestros colaboradores en las organizaciones. En definitiva, debemos intentar buscar fórmulas para que todos podamos “sentir los colores” para así dejar fluir el extraordinario poder que tiene el talento en las empresas.
Transición al empleo ¿estable? – Sobrecualificación versus empleabilidad
El drama que encubre el avance del desempleo en nuestro país, y que se agrava por la escasa capacidad técnica y política de nuestros gobernantes para activar el mercado laboral, es la limitada empleabilidad demostrada por una gran cantidad de trabajadores que se ven desvinculados de sus empresas o se ven afectados por EREs. Una vez que figuran en las listas del paro, cuentan con muy pocas herramientas para adaptarse a otros sectores y para asumir nuevas competencias profesionales.
Esta afirmación no es una idea nueva, tan siquiera pretende ser transgresora. Lo sabemos todos, sobre todos los profesionales y directores de RRHH, que conocemos, más que ningún otro sector, bajo qué parámetros se mueve actualmente el mercado laboral. Sin embargo, el debate se centra en las acciones concretas que se están aplicando para superar este problema, ya endémico, y que arrastramos desde hace décadas sin que ningún gobierno haya podido atajar.
Para cambiar esta realidad y de paso frenar el avance del desempleo, el Ejecutivo, a través del Real Decreto –Ley 1/2011, del 11 de febrero, ha puesto en marcha “medidas urgentes para promover la transición al empleo estable y la recualificación profesional de las personas”.
Sin profundizar demasiado en el despropósito lingüístico de la ‘transición al empleo estable’ y el tiempo de desfase con que llega este plan, resulta evidente el pésimo hábito adquirido por el Ejecutivo de sacar adelante todas sus estrategias políticas como Real Decreto, frenando así la facultad del Congreso de los Diputados de enmendar el texto legislativo.
Ante su puesta en marcha, cabe preguntarse: ¿cuánto tiempo nos llevará ver sus brotes verdes?, y sobre la empleabilidad, este plan ¿contempla los medios materiales necesarios para mejorar la empleabilidad de los parados, de los trabajadores y de los autónomos?, ¿promueve las actividades formativas o seguirá incentivando la contratación por bonificaciones?
Por la urgencia y la necesidad imperante de frenar el avance del desempleo, resulta natural enfocar la atención en los desempleados, sobre todo, en la empleabilidad de quienes superan los 45 años de edad y que han sido desvinculados de sus empresas. Sin embargo, desde el punto de vista del capital humano y de futuro, también sería importante prever un marco de protección más amplio para los jóvenes y futuros profesionales en el ámbito de su empleabilidad, ya que aunque hoy se encuentran en una etapa formativa y no entran oficialmente en las listas del paro, se encuentran ‘ad portas’ de formar parte de las listas y colas del INEM.
Las cifras de paro de profesionales cualificados respalda esta propuesta, considerando que desde que empezó la crisis (oficialmente el 2008 para el gobierno) la cifra de licenciados en el paro se ha duplicado, la ventaja salarial que tenían frente a los que sólo terminaban la secundaria se ha reducido, y cerca de la mitad se emplea en trabajos que no requieren sus estudios, según el informe Panorama de la Educación 2010 de la OCDE.
Por tanto, no hay que olvidar a los jóvenes que se integran al mercado laboral y continuar insistiendo en la precariedad de la contratación temporal, no es un buen comienzo. Debemos alejarlos de la sobrecualificación por falta de orientación y herramientas de inserción laboral y acercarlos a la empleabilidad bajo la realidad del mercado laboral a medio y largo plazo.
La carencia de formación práctica, en cuanto a procedimientos y habilidades, limita la empleabilidad. Y, en este sentido, los estudios de Bachillerato y de Formación Profesional llevan ventaja sobre las Universidades, planificando e incentivando sus estrategias formativas tomando en cuenta la investigación y la práctica como medios de aprendizaje.
Analizando el sistema de educación superior, nuestro sistema universitario se encuentra entre los mejores del panorama internacional, según la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), pero algo no llega a encajar. Su distanciamiento con las exigencias de la contingencia económica y laboral que vivimos sigue siendo abismal.
Actualmente, el país experimenta un exceso de oferta de licenciaturas y un descenso considerable de la población universitaria, ocasionando inevitablemente un desequilibrio sostenido entre la oferta y la demanda; desajuste que incluso pone en riesgo la continuidad de algunas universidades públicas por contar con un bajo índice de alumnado. Sin embargo, pese a esto, las universidades tampoco llegan a mantener una postura concreta sobre este tema y parece que observan el problema desde la distancia; incluso una parte importante del cuerpo docente afirma que desde las universidades han hecho todo lo necesario para adaptarse a las nuevas circunstancias, pero el problema pasa por la incapacidad del tejido empresarial y el sistema productivo de asimilar tanta cualificación.
¿Y qué hace falta para que las universidades estén en línea con el tejido productivo? Primero, voluntad para asumir una colaboración activa con las empresas y las pymes, comprendiendo en conjunto las exigencias del mercado económico y laboral. Asumir la responsabilidad social de facilitar a sus alumnos la información necesaria para que conozcan la actividad ocupacional de cada titulación; establecer nuevas parámetros de medición que valore la práctica sobre la memorización; y desarrollar estrategias formativas obligatorias orientadas a promover una mayor cultura de negocio e innovación, desarrollando habilidades directivas, y ampliando sus posibilidades de emprender proyectos innovadores que generen empleo y aporten competitividad a la economía nacional.
Porque la cultura emprendedora no se puede incentivar desde la pasividad, ni menos desde el desempleo como algunos intentan hacer ver, convenciendo a los profesionales en paro a que agoten su prestación de desempleo en proyectos empresariales sabiendo que no cuentan con ninguna seguridad jurídica ni financiera.
La universidad forma parte integral y vertebrada de la sociedad y debería influir en las estrategias de generación de empleo y en la empleabilidad de sus alumnos. Por tanto, no debemos olvidar el análisis, la reflexión y el debate sobre su rol así como la urgente necesidad de reformar el sistema educativo, que muestra deficiencias estructurales desde la base, considerando que la educación primaria aún se encuentra anclada en la LOGSE y clama una intervención más allá del uso partidista y electoral que suele hacerse de ella.
La empleabilidad está estrechamente vinculada al conocimiento, y en ella convergen la movilidad laboral, el desarrollo económico y la competitividad del mercado productivo; pero ésta no se consigue de la noche a la mañana, sino que es un proceso que se inicia desde muy temprana edad y continua durante toda nuestra vida…; por tanto, no se puede adquirir a golpe de Ley.
Aprender mientras trabajas
Los empleados reconocen en la formación un valor añadido a su trabajo diario, pero suelen evaluar negativamente la utilidad de los cursos y programas que reciben por no cumplir con sus expectativas. Un problema que, en muchas ocasiones, los profesionales de RRHH intentamos solucionar dejándonos llevar por las últimas tendencias formativas.
Sin embargo, no debemos olvidar que por más innovador o transgresor que sea un sistema formativo, éste debe ofrecer a cada profesional un proceso de aprendizaje orientado a un objetivo, con posibilidades de experimentación y error, ya que de lo contrario él no será consciente de cómo aprendió y sentirá que ha sido parte de un proceso parcial y ficticio.
Desde este punto de vista, Javier Martínez Aldanondo, en su artículo titulado: “Aprendizaje informal ¿Qué hay de nuevo” , nos invita a descubrir el valor del aprendizaje experimental y de lo importante que es incentivar, evaluar y premiar su práctica en las empresas, ya que el conocimiento no está en los documentos sino que sólo ‘pasa’ a la cabeza cuando se experimenta.
Sigue leyendo aquí: http://www.rrhhmagazine.com/boletin/newsletter/newsletter255.html
La antesala de la Huelga General
Este fin de semana, en Asturias, los mineros del carbón continuaron manifestándose en las calles en protesta por el impago de sus sueldos y por la difícil situación que atraviesa el sector minero en España. Cortes de carreteras, de autopistas y barricadas, así como acampadas delante de las oficinas de los empresarios de las empresas mineras han marcado las dos semanas que han transcurrido desde que se iniciaron las primeras movilizaciones en León.
Con el paso de los días estas protestas se han radicalizado y al encierro de 50 trabajadores en una mina de Palencia se suma hoy la huelga de hambre indefinida que han iniciado 4 mineros asturianos. Una situación extrema de un conflicto que desde el mes de marzo se ha agudizado por el término de las ayudas de urgencia que el gobierno puso en marcha para paliar la falta de demanda de carbón por parte de las centrales térmicas.
Sabemos que históricamente las huelgas mineras locales derivan fácilmente en generales por su especialización económica y por su tradición sindical y se han caracterizado por ser espontáneas, largas y en ocasiones, violentas. Y en muchas ocasiones han marcado el pulso político del país. La última, en el año 1991, desencadenó un intenso enfrentamiento político dentro del equipo económico de Felipe González.
Hoy los mineros piden, además del cobro de su salario, el establecimiento de un frente común para lograr un compromiso de defensa del carbón en España y Europa, y que se cumpla el real decreto 134/2010 (Ley que prima la quema de carbón nacional). Propuestas que la comisión de Industria, Turismo y Comercio tendrá que dar respuesta de una forma sensata esta semana en una situación política muy compleja, ya que ética y políticamente no puede ceder ante presiones tan radicales como es una huelga de hambre, pero sí debe zanjar este conflicto si quiere evitar que las huelgas del sector minero sean la antesala más radical de la huelga general prevista para este 29 de septiembre.
La huelga de hambre y el encierro de los mineros bajo tierra es un llamado extremo de un sector que tiene los días contados y que en los últimos años ha vivido casi exclusivamente de las subvenciones estatales y europeas. Y es la cara más amarga de una crisis que no ha acabado y el ejemplo de una nefasta gestión de los recursos por parte de la Administración Central.
Lo surrealista del tema, es que mientras 50 mineros españoles entran al tajo y otros inician una huelga de hambre, otros 33 mineros, muy lejos de aquí, en Chile, esperan a ser rescatados de un encierro desencadenado por la precariedad de un sector que también tiene los días contados.
¿Conseguirán los mineros Asturianos junto a los delegados de CCOO que ya han pedido a gritos la dimisión de ZP que éste adelante las elecciones para la próxima primavera?
Si esto es así deberemso seguir pensando en la utilidad de la acción sindical, ¿no les parece?












