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¿Qué cualidades del trabajador son mejor valoradas por las empresas?


Vivimos en un mundo en el que la competitividad está siempre presente y los enfrentamientos y las batallas en el ámbito de la empresa están por todas partes. Por eso, los teóricos de la gestión construyen modelos sobre “la competitividad de la empresa basada en sus recursos humanos”, argumentando que una empresa alcanza ventajas competitivas a través de la creación y protección de unos recursos humanos que aumenten su valor.

La Gestión de Recursos Humanos tiene una importancia vital en la consecución de las metas de la empresa. Una de sus tareas lo constituye proporcionar las capacidades humanas requeridas por la organización y desarrollar habilidades y aptitudes del individuo para hacerlo más satisfactorio a sí mismo y a la colectividad en que se desenvuelve. Elementos que pueden en gran medida garantizarse con el diseño de un sistema de selección de Recursos Humanos que nutra a la organización del material humano que necesita, brindando a la par, posibilidades de desarrollo y satisfacción personal al mismo.

En cuanto a las cualidades personales, las empresas afirmas que valoran el talento, la implicación, la participación y empatía con los objetivos de la empresa, la proactividad, la capacidad de trabajo en equipo, la inteligencia emocional, la capacidad de esfuerzo y dedicación…, además de capacidades como: Aprender a conocer nuestras debilidades y limitaciones y dedicarse a tratar de superarlas, solicitando el consejo de los compañeros de mayor experiencia; Defender nuestras creencias y valores, rechazando la hipocresía y no adoptar ni defender la filosofía de que el fin justifica los medios, echando a un lado nuestros principios; Mantener las promesas y cumplir con nuestras obligaciones y no justificar un incumplimiento o rehuir una responsabilidad; Actuar honesta y sinceramente al ofrecer nuestro apoyo, especialmente en la adversidad y rechazar las influencias indebidas y conflictos de interés; Ser imparciales, justos y ofrecer trato igual a los demás. Mantener la mente abierta, aceptar cambios y admitir nuestros errores cuando entendemos que nos hemos equivocado; Estar dispuestos a entregarse sin condición al cumplimiento del deber para con los demás con atención, cortesía y servicio; Demostrar respeto a los demás, a la intimidad y el derecho a la libre determinación etcétera.

 En cuanto a las capacidades profesiones, a lo largo de la historia el perfil ideal de un trabajador ha cambiado. Antiguamente las funciones de un empleado estaban demarcadas únicamente por la descripción de su puesto y se limitaban a un listado de funciones operativas que terminaban por hacerse de forma automática. Todas las tareas diarias, semanales, reportes, informes, etc., estaban contemplados en el contrato que se firmaba al momento de la vinculación, y cualquier acción que se apartara de esa realidad no sólo era rechazada sino mal recibida. Mientras en el pasado  se requería saber mucho de pocas cosas, en el presente las demandas son de un trabajador que conozca muchas cosas aunque con menor profundidad, que posea gran capacidad de razonamiento y de análisis, de adaptación tecnológica, y de solución de problemas de manera autónoma ya que participará de todo el proceso de producción.

Hoy en día,  además de una formación académica adecuada al puesto, el conocimiento de idiomas y una amplia experiencia profesional las empresas quieren empleados polivalentes y flexibles, que estén capacitados para cambiar de actividad en cualquier momento. Las empresas buscan personas integrales, que no sólo sean útiles para un puesto de trabajo predeterminado, sino que cuenten con “valores agregados” y características que los diferencien del trabajador obsoleto. La velocidad con la que avanzan la ciencia y la tecnología, requiere que el trabajador moderno responda con la misma agilidad.  Por ello, día a día, el mercado de trabajo exige personal cada vez más capacitado, flexible y polivalente, de manera que pueda asumir y responder a varias situaciones de diversa complejidad, sin circunscribirse a un solo puesto de trabajo. Así, la polivalencia es actualmente un valor añadido, pero si continúan los cambios significativos en las estructuras empresariales, próximament% se convertirá en una obligación.

La polivalencia como antítesis de la especialización, significa la posibilidad de que un trabajador pueda intervenir en tareas de diversa índole. Su ventaja más importante es que, al tener una parcela menor en la que centrar el aprendizaje y el entrenamiento, es posible profundizar más, y por tanto, el conocimiento que se tiene es más exhaustivo. Fomentar la polivalencia soluciona los inconvenientes que encontramos en la especialización: disminuye el número de personas imprescindibles (más personas formadas para un número mayor de tareas). Los resultados económicos de la polivalencia son tan favorables que hoy en día cualquier empresa que quiera reducir sus costes (es decir, casi todas las empresas) debe planteársela como medio para conseguir este objetivo. Numerosos estudios han evidenciado las bondades de la polivalencia como una característica positiva de un trabajador. Aún así, es posible que algunas empresas malinterpreten la multifuncionalidad de un empleado tergiversando el concepto de polivalencia. Esto ocurre cuando las organizaciones, amparándose en la necesidad de los trabajadores de ser integrales, asignan funciones propias de varios puestos a una sola persona, ahorrando dinero y pagando un solo salario.  Adelantémoslos pues a las necesidades de las organizaciones, y convirtámonos en trabajadores polivalentes. La especialización, la mediocridad, la cobardía, el presentismo y el seguidismo, son un derroche de talento y de dinero, que espero que el inminente cambio filosófico en la gestión de los RRHH, obligado por las circunstancias, supere y que todas esas empresas que se les llena la boca con un montón de declaraciones institucionales sobre los “ejes estratégicos de actuación empresarial basados en la excelencia y en la eficaz gestión de nuestro activo más precioso: “los recursos humanos”, dejen de tratarlos como borreguitos que saben callar, trabajar y obedecer sin rechistar, y aprendan del proverbio chino que dice: “La principal diferencia entre un sabio y un loco es que el loco no es capaz de aprender de sus errores.”

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