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El carné de jefe


En un comentario de respuesta a mi colega Santiago Barrero en el blog de nuestra red social, hago mención a un posible Carné de Jefe como respuesta al riesgo que implica el ejercicio de tal función. En esta columna, hemos hablado en varias ocasiones de las circunstancias que ocurren en el ejercicio de la “jefatura”, “conducción”, “dirección” o “liderazgo”, incluso atribuyéndole características de factor de riesgo laboral, así como reflejando la poca o nula importancia que se da a los nombramientos, quizá pensando que cualquiera puede ser jefe con tal de que le asignen los galones.

Tener responsabilidades sobre un equipo de personas implica manejar personas, elementos susceptibles de recibir daño; en algunos casos, habría que identificar tales elementos con etiquetas de “alto riesgo emocional”, “su uso implica posibles consecuencias físicas”, “preservar con especial atención” o “désele conversación a menos una vez a la semana”. Serían frases “R” o frases “S” equivalentes a las que se refieren a las sustancias peligrosas, pero no tanto por su toxicidad propia, sino por el cuidado con el que hay que tratarlas debido a dos cuestiones: su descomposición y, por tanto, su inaplicabilidad para la función establecida, o el gran valor que aporta, con el subsiguiente riesgo de manejarlo mal y perderlo.

En el indicado comentario, hago analogía de conducir personas con conducir vehículos como actividad que puede generar accidentes de graves o fatales consecuencias. De ahí la idea del “carné”… pero también podría equipararse a la habilitación para ejercer actividades complejas y que requieren un diploma específico, aprobado por la Administración. ¿Sería posible una carrera universitaria de “jefe”, con su titulación al efecto? ¿O quizá un examen sofisticado que demuestre conocimientos en la materia? ¿Se podría exigir este requisito homologado en la persona que desee ostentar tal función y/o condición?

No estaría de más. Incluso con renovaciones y ampliaciones según el impacto del puesto a cubrir.

Ser un mal jefe, consecuencia mayoritaria de una mala selección para el cargo, puede acarrear nefastas implicaciones en los recursos a su cargo, desde los económicos, a los técnicos y, sobre todo a los humanos. Y los humanos son personas que a su vez, tienen otras actividades y otras ocupaciones (vida), cuestión que no suele ocurrir con el resto de los recursos asignados. Igualmente, los otros recursos no sienten.

Estoy seguro de que usted conoce algún caso parecido a éstos:
- Una persona fallecida por infarto fulminante al ser mal-tratado por su jefe o su empresa (que no deja de ser una confederación de jefes).
- Una persona con soriasis (mal menor) ocasionada por el miedo a ser despedido, causada por el jefe como amenaza porque no sabe ejercer la autoridad de otra manera.
- Una persona que ha sufrido un ictus por ser promovido a un puesto que superaba sus capacidades…

Y sólo pongo tres casos, con variopintas consecuencias… pero haber más, haylos.
Se trata de diseñar ese carné o diploma habilitante para conducir, dirigir o liderar personas, que suponga convencernos de que al nombrar a alguien como ‘Jefe de Algo’ estamos asignando una alta responsabilidad que requiere la verificación fehaciente de que se está capacitado para ella. El título de la especialidad (de Algo) siempre aparece como exigencia o requisito indispensable, pero el del cargo… Ser responsable de un equipo de personas, y más si es responsable de responsables de equipos de personas obliga a determinadas capacidades cuya carencia puede provocar daños irreparables. Que no ocurra, por favor. ¿De acuerdo?

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Categorías:RRHH
  1. Candela
    5 mayo 2010 en 14:38 | #1

    El principio de Peter, esto de ascender a una persona a jefe y poner un amplificador en sus debilidades, para que todos nos enteremos de lo malo que es conduciendo…muy habitual realmente. Me gustó mucho el post.

  2. 5 mayo 2010 en 17:08 | #2

    Vale, pues para ser ecuánimes, yo propongo un carnet de trabajador, que certifique que se poseen ciertas características de personalidad: madurez, estabilidad emocional, sensatez, capacidad de compromiso, capacidad de automotivación, conocimientos empresariales, temple, espíritu crítico…

    Vamos, que acabaríamos en un mundo de empresas unipersonales. Y no sería mala idea, si cada trabajador fuera y se considerase un proveedor de su cliente -la empresa que le contrata- y cada empresa fuera un cliente de su proveedor -el empresario trabajador que le sirve el producto-, las cosas irían mejor. Libre mercado puro. A ver qué dicen los sindicatos.

  1. 5 mayo 2010 en 11:54 | #1

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